El Promitente
¡Qué bello es Jaén!
jueves, 7 de abril de 2022
Guía de horarios e itinerarios Semana Santa de Jaén 2024
Domingo de Ramos
Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Franciscana y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud entrando en Jerusalén, María Santísima de la Paz, San Pedro, San Juan y Santiago Apóstoles.
Salida desde la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Belén y San Roque, Plaza Virgen de la Paz, Cuesta de la Virgen, Avenida de Madrid, Virgen de la Capilla, Rastro, Roldán y Marín, Plaza de la Constitución, Bernabé Soriano, Plaza San Francisco, Campanas, Plaza Santa María, Carrera de Jesús, Almenas, Muñoz Garnica, Plaza San Ildefonso, Cuatro Torres, Plaza de la Constitución, Virgen de la Capilla, Avenida de Granada, Cuesta de Belén, Plaza de Belén, Eras de Belén, Artesanos, Real Jaén, Plaza Virgen de la Paz, y entrada en su templo.
Salida: 10.50 horas. Acto de la “Llamá” a las 10.45 horas
Hermandad Sacramental de Jesús Salvador en su Santa Cena y María Santísima de la Caridad y Consolación.
Iglesia San Juan Pablo II, Henry Dunant, Paseo de España (ascendente), Vial hacia Calle Extremadura, Calle Extremadura, Plaza Jaén por la Paz, Paseo de la Estación, Roldan y Marín, Plaza de la Constitución, Bernabé Soriano, Ramón y Cajal, Muñoz Garnica, Plaza de San Ildefonso, Cuatro Torres, Plaza de la Constitución, Virgen de la Capilla, Av. de Madrid (descendente), Rotonda Donantes de Sangre, Manuel Caballero Venzalá, Principado de Asturias, Cataluña, Paseo de España (descendente), Federico Mayor Zaragoza, Honorato Morente Megias, Federico Mayor Zaragoza, Henry Dunant, Iglesia San Juan Pablo II.
Salida: 16:15 horas
Plaza de la Purísima Concepción, Ntro. Padre Jesús de la Piedad, Pilar de la Imprenta, García Requena, Molino de la Alcantarilla, Ejido Alcantarilla, Manuel Jontoya, Ramón y Cajal, Muñoz Garnica, Plaza de San Ildefonso, Reja de la Capilla, Capitán Aranda Baja, Bernardas, Puerta del Ángel, Tablerón, Virgen de la Capilla, Rastro, Roldán y Marín, Plaza de la Constitución, Bernabé Soriano, Ramón y Cajal, Almenas, Carrera de Jesús, Julio Ángel, Francisco Coello (Llana), García Requena, Pilar de la Imprenta, Ntro. Padre Jesús de la Piedad, Plaza de la Purísima Concepción, a su Casa de Hermandad.
Salida: 16.15 horas
Cofradía de la Oración en el Huerto y María Santísima de los Desamparados de la Congregación de la Santa Vera Cruz.
Plaza de San Ildefonso, Reja de la Capilla, Capitán Aranda Baja, Teodoro Calvache, Tablerón, Virgen de la Capilla, Rastro, Roldan y Marín, Plaza de la Constitución, Bernabé Soriano, Campanas, Plaza de Santa María, Carrera de Jesús, Almenas, Muñoz Garnica, Plaza de San Ildefonso.
Salida: 18:45 horas
Lunes Santo
Hermandad de Jesús de la Caridad ante Caifás, María Santísima de la Salud y San Eufrasio.
Plaza de la Iglesia, Nogal, Del Álamo, Ronda Juez Juan Ruiz Rico, Fuente del Alamillo, Europa, Avenida de Arjona, Glorieta Blas Infante, San Lucas, Sagrado Corazón de Jesús, Núñez de Balboa, Millán de Priego, Plaza de los Jardinillos, Madre Soledad Torres Acosta, Roldán y Marín, Plaza de la Constitución, Bernabé Soriano, Plaza de San Francisco, Álamos, Doctor Eduardo Arroyo, Plaza de los Jardinillos, Millán de Priego, Castilla, Arquitecto Berges, Ejército Español, Juan Pedro Gutiérrez Higueras, Doce Apóstoles, San Lucas, Glorieta Blas Infante, Avenida de Arjona, Europa, Fuente del Alamillo, Ronda Juez Ruiz Rico, Álamo, Plaza de la Iglesia.
Salida: 15.00 horas
Salida: 16.50 horas
Salida: 17:20 horas
Salida; 20,00 horas
Salida: 16.45 horas
Salida: 17.30 horas
Salida: 18.45 horas
Salida: 19 horas.
Salida: 19.00 horas.
Madrugada
Salida Ntro. Padre Jesús y Santa Marcela: 02.30 horas.
Salida: 21:00 horas.
Salida: 19:00 horas
Salida: 10.00 horas.
miércoles, 6 de abril de 2022
Otras anécdotas de la Pasión según la capital del Santo Reino
Cuando nos referimos a la Semana Santa jiennense no sólo se trata de hablar de procesiones, de imágenes, de costumbres o de, por supuesto, de fe o creencias. Toda ella guarda otras historias, otras anécdotas o curiosidades que, sin ser programadas, también forman parte de la pasión según la capital del Santo Reino. En este caso nos referimos a sucesos tales como la leyenda del Señor del Trueno, de los angelitos de la Virgen de las Angustias o del niño de la Catedral, u otros hechos tales como el accidente del Santísimo Cristo de la Expiración o la Semana Santa de Jaén en 1932.
Los angelitos de la Virgen de las Angustias
Una mañana de 1667 llegó a Jaén un escultor llamado Antón acompañado de su esposa y de dos hijos gemelos. Encontraron vivienda en una modesta casa de la Magdalena pero los vecinos se extrañaban pues la mujer y los niños jamás salían a la calle. Antón comenzó a trabajar como escultor en las obras de la Catedral, salía por las mañanas temprano y regresaba a casa por la noche.
Tenía un carácter muy reservado y procuraba no mezclarse demasiado con la gente. Evitaba conversar con otros vecinos y siempre caminaba en solitario por las calles menos transitadas. Nadie conocía nada acerca de su vida o de su familia. A pesar de ello, su trabajo con la piedra y la madera era exquisito y muy admirado, así que la demanda del mismo fue aumentando al igual que su fama.
Sin embargo, una noche desapareció con la familia sin dejar rastro. Los vecinos dijeron que habían escuchado fuertes gritos de gente en la casa, así como el galopar de los caballos y tropel de lucha. Algunos comentaron haber visto a Antón aquella noche corriendo desesperado hacia la puerta de Martos tras el rastro de una gran polvareda.
Un día, unos diez años después de aquellos hechos, volvió a verse a Antón por Jaén. El hombre tenía muy mal aspecto y había envejecido mucho más de lo normal para su edad. Mostraba claros signos de sufrimiento en su rostro. Antón fue al convento de los Carmelitas Descalzos, donde se conservaban varias obras suyas, y pidió asilo a cambio de trabajo. El padre superior accedió, y se convirtió en la única persona con la que Antón cruzaba palabra alguna. Después de mucho tiempo y con gran paciencia, el superior logró que Antón relatara todo lo ocurrido.
El hombre contó que había sido hecho prisionero cuando prestaba servicio en un barco de guerra español y conducido a tierras africanas donde estuvo prisionero cuatro años. Cuando lo dejaron en libertad le dieron la opción de regresar a su tierra, pero él no contaba con medios económicos para hacerlo así que se puso a trabajar en casa de un rico musulmán. Allí conoció a la hermosa hija de éste y se enamoró de ella, siendo su amor a su vez correspondido.
Por supuesto el padre no aprobaba dicha unión, por lo que ambos decidieron huir juntos de aquellas tierras. Así fue como llegaron a la Península. Primero se asentaron en Sevilla, donde nacieron sus dos hijos gemelos, y finalmente decidieron trasladarse a Jaén.
Decidieron guardar el secreto a todo el mundo y tratar de pasar totalmente desapercibidos por miedo a que su paradero llegara a oídos del padre de ella. Sin embargo, finalmente ocurrió lo temido y una noche se presentaron en la casa seis hombres armados y a caballo, los cuales, sin mediar palabra, le arrebataron a su esposa y a sus hijos.
Antón no podía dejar de llorar recordando aquellos amargos momentos y las caras de dolor de su familia. Decía tener grabados en su mente los rostros contorsionados por la pena y las lágrimas de sus pequeños. Había buscado a su familia hasta la extenuación, pero todo había sido en vano. El padre superior se quedó muy acongojado al conocer la triste historia y trató de darle todo su apoyo para ayudarlo a soportar el día a día.
Antón comenzó a trabajar en un precioso retablo para la Virgen de las Angustias, pero en sus ratos libres tallaba unos angelitos que lloraban amargamente con gran dolor. En aquellos rostros plasmó las imágenes de sus dos amados descendientes en aquel triste momento en que fueron arrancados de su lado. Todos en el convento quedaron sorprendidos ante la belleza y el realismo de la obra y los angelitos fueron colocados a los pies de la imagen de Nuestra Señora.
Dos días después de bendecir los angelitos, Antón volvió a desaparecer. Sólo dejó una nota sobre su cama dirigida al superior. En ella explicaba que no podía soportar el dolor que le causaba contemplar aquellos dos angelitos y por ello abandonaba Jaén para siempre. Nunca más se supo de él.
Semana Santa de 1932
Año 1932. Meses después de la proclamación republicana, este nuevo gobierno democrático realizaba campañas en contra de la iglesia, asociaciones e instituciones religiosas al entender ellos que estas congregaciones no tendrían que formar parte del nuevo estado español elegido por el pueblo.
Al no poder asegurar el gobierno republicano a las cofradías de nuestra ciudad un mínimo de seguridad mientras realizaran sus procesiones, pues hubo muchísimas amenazas por parte de la izquierda para acabar con todo aquello que estuviera relacionado con la religión, éstas tenían que decidir, o bien no realizar sus correspondientes catequesis públicas de fe por las calles de nuestra ciudad, o bien realizar actos de cultos en el interior de los templos.
Tras una reunión celebrada el 10 de febrero entre las hermandades y el Gobernador Civil Don Enrique Martín de Villodres para que éste autorizara las procesiones, días más tarde, las cofradías de Nuestro Padre Jesús, Santo Sepulcro y Vera-Cruz deciden “suspender la procesión no contando con el fervor acostumbrado y deseando evitar cualquier accidente que pudiera ocurrir”.
Sin embargo, el 20 de marzo la hermandad de la Expiración decide realizar su correspondiente procesión “confiando en la hidalguía y sentimientos de los vecinos de esta ciudad”, aunque acuerda realizar turnos de escolta del paso de Cristo y acortar recorrido. De este modo, la cofradía se convirtió en la primera congregación en salir a las calles durante el gobierno de la II República. La buena noticia para la misma es que esa tarde no ocurrió ningún hecho lamentable que mencionar.
Con Nuestro Padre Jesús sucedió un acontecimiento extraño. Fue la propia Comisión de Obreros, entre otras, afín al ideario republicano, el que defiende que el señor de Jaén debía salir sí o sí a las calles porque Jesús “es del pueblo de Jaén, aunque la custodia y el culto esté a cargo de la Hermandad” como afirmó el gobernador de la cofradía, afirmando también “La Cofradía no podrá nunca disponer libremente, ni tomar acuerdos radicales, que estén en pugna con los sentimientos del vecindario de Jaén”.
De este modo, la cofradía salió en la madrugada de 1932 por decisión propia del Gobernador de la misma pero contradiciendo la decisión adoptada en asamblea general días antes. Este hecho provocó que el máximo dirigente de la hermandad dimitiera una vez concluida la procesión.
El niño de la Catedral
Desde hace más de media centuria, cuentan algunos de nuestros vecinos que en el interior de la nave catedralicia existe el espectro de un niño, cercano a los doce años, que visita las dependencias del mismo en distintas horas del día. Este fantasma, propiamente dicho, puede ser el espíritu de un niño de los años 50. En una de las salidas procesionales de Nuestro Padre Jesús, un menor que estaba subido sobre una estructura cayó al suelo, provocándole repentinamente la muerte.
Desde entonces, a la hora de cerrar sus puertas y cuando no hay muchas personas en la catedral, se suele escuchar el llanto de un niño en repetidas ocasiones en la zona del coro, notando los asistentes una ráfaga de viento gélido por su alrededor. También hay testigos que aseguran que lo han visto correr en dirección a la sacristía, y que cuando han llegado a este punto del templo, allí no había nadie. Incluso el obispo Don Santiago García Aracil fue testigo de este hecho.
También se comenta que no es el primer portador de Nuestra Señora de las Angustias el que lo ha visto levantar los faldones del paso para meterse debajo de éste. Cuando algunos se atreven a asomarse en el interior del trono se encuentran, efectivamente, con que allí no existe nadie. Parece ser que tiene predilección por esta dolorosa. Por algo será.
El Señor del Trueno
En la actualidad, el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz es una obra de Domingo Sánchez Mesa encargada por la congregación allá por los años 50. Anteriormente, hasta la Guerra Civil, existió otra talla con peluca de pelo natural y una falda corta que cubría hasta las rodillas y que hacía juego con un sudario triangular colocado detrás de la cruz, estando éstos bordados en brocados.
Allá por el año 1825, al crucificado se le renombró como el Señor del Trueno. ¿El motivo? En ese año, la imagen fue sacada en procesión para invocar a la lluvia. Durante la misma, un enorme trueno retumbó sobre los asistentes, provocando así que a la talla se la conozca, aun en pleno siglo XXI, con este curioso apodo.
Accidente del Santísimo Cristo de la Expiración
En la tarde noche del Jueves Santo de 1999, la procesión de la cofradía de la Expiración, más concretamente su crucificado, estaba a punto de llegar a la céntrica Plaza de los Jardinillos tras bajar por la calle de Ruiz Romero cuando, después de arriar el paso, pasados unos segundos, el capataz llamó a sus costaleros para continuar por el itinerario previsto. Al levantar el paso, se desprendió el brazo izquierdo de la talla a la altura del hombro, quedando prendido de la palma de la mano del Cristo. En ese instante, y ante la gravedad de la situación, la junta de gobierno decidió bajar a la imagen del paso para que ésta fuera transportada sobre los hombros de los hermanos.
Restaurada en la sede de la Subdirección General del Instituto del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Educación y Cultura, el Santísimo Cristo de la Expiración regresó a la capital del Santo Reino en septiembre de ese mismo año, siendo recibido en la catedral para ser trasladado posteriormente a su sede canónica.
martes, 5 de abril de 2022
Bendición secular del Santo Rostro y la verdad sobre la existencia de la reliquia más importante de la ciudad
Si nos atenemos al diccionario de la Real Academia Española, podemos decir que una bendición significa “Invocación de la protección de Dios y su espíritu santificador sobre una persona, un lugar o una cosa; generalmente recitando un sacerdote unas palabras rituales o haciendo la señal de la cruz”, mientras que la palabra secular expresa ser “algo dura un siglo o desde hace varios siglos”.
Nuestro templo catedralicio siempre ha sido concebido como un templo de peregrinación por cuyos balcones se muestra la reliquia del Santo Rostro a todos los peregrinos que se quedaban tanto por el interior como por el exterior del templo, éstos últimos en cualquiera de los cuatro lados del mismo. De hecho, en el balcón central tenemos un relieve en alusión a dicha Santa Faz.
Pero ¿qué sabemos de este paño en sí?
Por todos es conocido que el Santo Rostro, una de las reliquias más famosas de nuestro país junto con el Santo Cáliz de Valencia y el Santo Sudario de Oviedo, y que de este modo conforma así la trinidad de las reliquias más importantes de España, representa la supuesta imagen que se quedó impresa en el paño de la Verónica cuando le limpió la cara a Jesús subiendo el monte Calvario.
En los evangelios reconocidos por las iglesias cristianas como libros inspirados por Dios, nunca se cita el momento en el que una mujer, supuestamente, le limpia el rostro a Jesús durante el Vía Crucis, aunque estos sí que nos hablan de otros episodios milagrosos como la curación de la hemorroísa al tocar el manto de Cristo.
En el llamado Evangelio de Nicodemo, libro no aceptado por la iglesia y escrito en el siglo V d.C., aparece por primera vez la historia o leyenda de la Verónica y el Santo Rostro, que viene a decir:
“Y Velosiano preguntó por el rostro o la faz del Salvador. Y cuantos allí estaban dijeron: Una mujer que se llama Verónica es la que tiene en su propia casa la faz del Salvador. Él ordenó que la condujesen ante su presencia y le preguntó: ¿Tienes la faz del Salvador en tu casa? Pero ella lo negó. Y Velosiano ordenó que se le diese tormento hasta que entregase la imagen del Señor. Y, cediendo a la violencia, Verónica dijo: Yo la tengo en un lienzo, y la adoro a diario. Y diciéndole Velosiano: Muéstramela, ella mostró el rostro del Señor. Viéndola, Velosiano se prosternó en tierra y, con fe sincera y corazón encendido, la tomó, la envolvió en un lienzo de oro, la colocó en un pequeño cofre, y lo selló con su anillo, a la vez que hizo un juramento: Por el Dios vivo y por la salud del César, que no verá su faz nadie hasta que vea yo la de mi señor Tiberio”.
“Y el emperador Tiberio dijo a Velosiano: ¿Dónde tienes esa efigie? Y contestó Velosiano: La tengo en un lienzo de tela de oro, envuelta en un manto. Y el emperador Tiberio le dijo: Extiéndela ante mí, para que yo me ponga de rodillas, y la adore en tierra. Y Velosiano desplegó su manto, que envolvía la tela de oro en que iba la imagen del Señor. Y el emperador Tiberio la vio. Y adoró con ferviente corazón la imagen del Señor, y su carne curó, y fue como la de un niño pequeño. Y todos los ciegos, los leprosos, los cojos, los mudos, los sordomudos y cuantos sufrían distintas enfermedades fueron curados y librados de sus males”.
En definitiva, la hemorroísa que se curó al tocar la túnica de Jesús es la misma que tiempo más tarde limpiara su rostro camino del Gólgota, en la conocida sexta estación del Vía Crucis, demostrando así que la leyenda de Verónica y Santo Rostro es idéntica.
Hasta de tres telas diferentes nos hablan los textos sagrados. La Sábana Santa, que es la que supuestamente se cita en el Evangelio de Nicodemo y que en la actualidad se conserva en la Catedral de San Juan Bautista de Turín; El Santo Sudario, que es el trozo de tela que cubrió la cabeza de Jesús tras bajarlo de la cruz y que está custodiada en Oviedo dentro de la denominada Arca Santa; y, por último, el Santo Rostro.
La leyenda del Santo Rostro está fundamentada en la supuesta carta que el rey Abgaro V, de la ciudad de Edessa, envió al propio Jesús, ya que el rey tenía la lepra y, al conocer que el mesías hacía milagros, contactó con este para que le salvara la vida. El contenido de esta carta es el siguiente:
“Abgaro Ucama, príncipe de Edessa, a Jesús el Salvador, que se ha manifestado en Jerusalén. Salud. He oído hablar de las curaciones que has hecho, sin usar hierbas, ni otros remedios ordinarios. Y es que devuelves la vista a los ciegos, y que haces andar a los cojos, y que limpias la lepra, y que arrojas los demonios inmundos, y que curas las enfermedades más crónicas, y que resucitas a los muertos. Y, oyendo tales cosas, me he persuadido de que tú eres Dios, o Hijo de Dios, y que estás en la tierra con el fin de realizar esas maravillas. Y por eso te escribo, para suplicarte que vengas a mí, y que me cures de la enfermedad que me atormenta. Y he oído decir que los judíos murmuran de ti y que te preparan celadas. Y yo poseo una ciudad que es pequeña, pero honesta, y bastará para los dos”.
Jesús le contestó con otra carta:
“Bienaventurado seas, tú, Abgaro, que crees en mi sin haberme conocido. Porque de mí está escrito: Los que lo vean no creerán en él, a fin de que los que no lo vean puedan creer, y ser bienaventurados. En cuanto al ruego que me haces de ir cerca de ti, es preciso que yo cumpla aquí todas las cosas para las cuales he sido enviado, y que, después de haberlas cumplido, vuelva a Aquel que me envió. Y, cuando haya vuelto a Él, te mandaré a uno de mis discípulos, para que te cure de tu dolencia, y para que comunique a ti y a los tuyos el camino de la bienaventuranza”.
Se dice que uno de los setenta discípulos que tenía Jesús, Tadeo, llegó a la ciudad de Edessa tras la ascensión del mesías al Reino de los Cielos, y que este curó al rey de su dolencia, allá por el año 29 d.C. Exacto, en el año 29 d.C. murió realmente Jesús a la edad de los treinta y tres años, por lo que Jesús no nació en el año 0 de la nueva era, sino que verdaderamente nació en el año 4 a.C.
Sin embargo, cuando en el siglo IV d.C. Eusebio de Cesarea traduce la correspondencia entre el rey Abgaro y Jesús, se redacta un texto llamado Doctrina de Addai, que trata la conversión al cristianismo de la ciudad de Edessa. En esta obra, Jesús no responde con la carta anteriormente descrita, sino que será el emisario del rey Abgaro quien le lleve el mensaje de Jesús de forma verbal junto a un retrato con su rostro que pintará él mismo por encargo del monarca. El mismísimo Santo Rostro de Jaén, también conocido como Mandylion de Edessa.
Esta reliquia permaneció oculta hasta el año 525 cuando unas lluvias dejaron al descubierto el nicho donde se encontraba, aunque también pudo aparecer a causa de un terremoto. En aquella época Santa Elena encuentra la Vera Cruz, y en los siguientes siglos hubo una verdadera fiebre por las reliquias donde cada ciudad tenía la suya propia.
Con la aparición del Mandylion, Edessa fue sitiada por los persas casi veinte años más tarde, provocando que la reliquia fuera sacada en procesión y que el ejército sasánida se retirara, siendo probable que la ciudad pagara algún tributo para evitar el ataque aunque a la población se le vendiera que era un milagro del Mandylion.
Tras la muerte de Mahoma un siglo después, Edessa fue conquistada por los árabes. Estos permitieron a los cristianos seguir con el culto a la tela. En el año 944 las tropas de Bizancio asediaron Edessa, exigiendo el Imperio Romano el pago de un rescate y la entrega de distintas reliquias, como el Mandylion, para trasladarlas a Constantinopla.
En el año 1204, Constantinopla fue tomada por los Cruzados, iniciándose así el Imperio Latino en esa zona. Por aquella época, en España se estaba combatiendo por reconquistar los territorios que los musulmanes dominaban. Desde ese año, los caballeros templarios se encargaron de custodiar tanto la Sábana Santa como el Mandylion de Edessa. Incluso ocho años más tarde, el Mandylion pudo estar presente en la famosa batalla de Navas de Tolosa, cuya victoria supuso el giro definitivo a favor de los cristianos en la Reconquista. El Santo Rostro sirvió para que los soldados cristianos creyeran con toda su fe que Dios estaba con ellos y que este seguía queriendo que hubiera guerra.
Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden del Temple, fue quemado vivo en el año 1314. En aquél año, la orden que tenía poder sobre los terrenos de la actual provincia jiennense era la Orden de Calatrava, herederos directos de la Orden del Temple y que combatieron junto a ellos en las Navas de Tolosa.
Este hecho demuestra claramente que San Eufrasio no trajo de Roma a Jaén la reliquia como nos ha querido hacer ver la iglesia durante tantos siglos, al igual que no son ciertas otras tantas historias que el clero jiennense nos ha vendido como ciertas. Incluso tampoco está claro que a Jaén se la conozca como del Santo Reino por el hecho de que la reliquia se encuentre en la ciudad, ya que puede ser llamada así por el hecho de que el rey que conquistó Jaén se le conocía como El Santo.