Desde aquellas semanas santas antiguas, los “armaos” se han encargado, generalmente, de dar tono, sabor y sonido a sus cofradías mientras escolten las imágenes titulares de éstas para así marcarles el ritmo de sus costaleros.
Los primeros datos hallados sobre éstos se remontan a unas cuentas de la cofradía de la Soledad y Santo Entierro donde, en 1737, se comentaba que había que entregarle a Juan Pinto, persona a cargo de los “armaos”, cincuenta reales de ayuda.
Quizás por el paso del tiempo, ya en febrero de 1807, el gobernador de la cofradía de Nuestro Padre Jesús comentó que le “parecía regular que se quitase la asistencia de los armados a la procesión por no ser precisa para cosa alguna y por querer éstos atribuirse en años anteriores un derecho suficiente hasta causar una conmoción y alboroto un año antes con los individuos de la cofradía”. También advirtió de los trajes indecentes e irrisibles con el que iban vestidos.
Fue entonces cuando se acordó, por parte de la cofradía, suprimir la asistencia de los “armaos” en aquel año y en los sucesivos. Sin embargo, tiempo más tarde, éstos volvieron con su marcialidad, más o menos afectada, a escoltar las imágenes de la procesión con sus arrogancias y sus imposiciones de fingida milicia. Hasta el secretario de la cofradía de Jesús se encargaba de llevar la bandera del Senatus de la centuria romana.
En la procesión de 1832 se produjeron nuevos y graves incidentes. En ella iba un ministro del Tribunal Civil junto a sus inseparables “armaos” que, al discurrir por ciertos rincones del callejero jiennense, les voceaban las gentes que presenciaban el cortejo e, incluso, les tiraban piedras al llamado “Piloncho” para salpicarles de agua. Todo ello estaba provocado por los trajes tan “indecentes y risibles” que el cuerpo romano portaba. De nuevo, la cofradía de Jesús decidió prohibirles sus desfiles en la procesión, provocando así la extinción de los primitivos “armaos” de la ciudad.
Un 5 de mayo de 1867, para recuperar este elemento fundamental en la historia de Jesucristo, el secretario de la cofradía de Jesús, don Joaquín Jauret, fundó una cohorte de soldados romanos que desfilaron por primera vez un Viernes Santo de 1868 acompañando a El Abuelo por las calles de Jaén.
Estos nuevos soldados romanos continuaron figurando en la procesión, aunque con alguna intermitencia, debido a incidentes que su arrogancia y pasión de mando promovieron al querer incluso sustituir en el desfile a la Guardia Civil.
La fama de esta Centuria fue tal que en marzo de 1890 don Tomás Cobo Renedo fundó la “Congregación de Soldados Romanos”, cuyos estatutos fueron aprobados por el señor obispo el 6 de febrero de 1891.
Éstos romanos estaban incorporados a la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la del Santo Sepulcro y a la recién creada del Cristo de la Expiración, a cambio de que sus miembros gozasen de ciertas exenciones y ventajas, como que se les dispensase la cuota de entrada, se les inscribiesen como cofrades y se les reconociera el derecho de ser siempre los que habían de escoltar a las imágenes titulares de las tres hermandades.
El vestuario de la nueva Centuria estaba inspirada en los de la Hermandad de la Macarena de Sevilla, muy teatrales en el gusto romántico de la época, con cascos de visera y grandes plumas de avestruz, tirabuzones, capas recamadas o de raso brillante en verde y encarnado, o azules para el Santo Entierro, borlas de oro, puños de encaje, cordones de seda, alabardas doradas, cornetas y tambores, bandera del Senatus (o S.P.Q.R.), medias rosa y botines de panilla bordada con flecos de oro. El más impresionante de todos, de colores y uniforme de fantasía, pertenecía a su capitán y fundador que, ostentando una espada de mando muy labrada y llamativa, iba al frente de la Centuria.
Una de las primeras iniciativas de esta nueva Congregación fue la de abrir, en 1890, una suscripción para regalar a la cofradía de Jesús una escultura donada por ellos mismos. Se trata de la imagen de Simón de Cirene. De hecho, la propia escultura está inspirada en su fundador, don Tomás Cobo Renedo.
En marzo de 1892, se formó una sección de caballería con clámides púrpura de raso reluciente con un lazo negro al hombro, por si alguno de los romanos tenía luto, y puños de metal dorado. Llevaba un pequeño lábaro o “Senatus” con las iniciales S.P.Q.R. o “Senatus populos-que romanus (El Senado y el pueblo romano), y despejaban calle al frente de la procesión, sirviendo de anuncio sus toques floreados de vibrantes cornetas.
En las mañanas del Jueves Santo, los soldados romanos visitaban en corporación los sagrarios y por parejas daban guardia de honor a los monumentos de ciertas iglesias.
En 1910, hubo un resurgimiento de los antiguos “armaos “ que fundó Jauret en 1867. Era la denominada “Escuadra Romana de Nuestro Padre Jesús Nazareno”. Se trataba de una pintoresca agrupación de reducidos elementos con modestos uniformes de túnicas blancas y franjas horizontales moradas y doradas, flecos de oro, manguitos y cinturones de terciopelo violeta. Los yelmos de latón dorado tenían sus celadas que solían llevar caladas para producir mayor efecto o sensación y, sujetas al codo izquierdo, pequeñas rodelas circulares.
Eran conocidos por “Los Zorzales”, debido a que solían ser ladrones profesionales de aceituna muy conocidos por la Benemérita. Su desfile era afectado y petulante, dando lugar a múltiples incidentes con las cofradías por su exceso de celo y ansias de autoridad y mando durante las procesiones. Su vida fue efímera al no pasar de los veinte años de vida.
En cuanto a la Congregación de los Soldados Romanos de don Tomás Cobo, se simplificaron sus trajes y acabaron integrándose en la Agrupación de Cofradías a la que hoy pertenecen, formando parte de diversas procesiones aún en la actualidad.
Resumen extraído del artículo “LOS ARMAOS”, escrito por don Rafael Ortega Sagrista en la revista Alto Guadalquivir de 1989.