miércoles, 9 de marzo de 2022

Imaginería de nuestra semana de Pasión

Para hallar el origen de las procesiones habría que remontarse a la edad media, cuando la iglesia organizaba sus teatros religiosos tanto en los templos como en los pórticos durante los autos de pasión. 

Éstos eran escenificaciones que formaban parte de los oficios litúrgicos y que ya en el siglo XVI daban lugar a algunos comportamientos poco edificantes, lo que provocó que se transformaran paulatinamente en las procesiones de Semana Santa que tenemos hoy en día. 

Las escenas de pasión dejaron de ser vivientes para convertirse en imágenes de madera y tela. A este arte se le denomina imaginería, donde destacan dos corrientes; la escuela castellana y la escuela andaluza, ambas de origen barroco. En la actualidad, en la capital del Santo Reino podemos disfrutar de diferentes tallas que han ido sobreviviendo a lo largo de esos cercanos quinientos años de existencia.

Del siglo XVI aún perduran varias imágenes de inmenso valor, como el Cristo de la Humildad, de la Clemencia, de las Misericordias, Nuestro Padre Jesús Nazareno, las imágenes del misterio del Calvario y Nuestra Señora de los Dolores perteneciente a la misma cofradía.

El Santísimo Cristo de la Humildad, realizada en madera de abedul, tiene una altura de 1,30 metros. Representa a Jesús muerto en la cruz, teniendo el pie derecho sobre el izquierdo, con la cabeza inclinada a la derecha y con una corona de espinas de gruesas ramas trenzadas tallada en el mismo bloque. Presenta los ojos semiabiertos, los labios muy abiertos y la dentadura tallada. La barba y el cabello son ondulados, partidos en el centro dejando entrever ambas orejas. Tiene los brazos rectos, las manos semicerradas y los dedos flexionados. El vientre aparece plegado y hundido, marcando el arco condrocostal bajo unos pectorales bien definidos. La cintura está protegida por un paño de pureza que da varias vueltas antes de formar un lazo en el lado izquierdo.

Si bien se desconoce su autoría, la imagen, conocida previamente como Cristo de la Misericordia quizás mientras estuvo en la Iglesia de San Clemente, es atribuido a Juan de Reolid, Jerónimo Quijano o Gutierre Gierero.

A Salvador de Cuéllar se le atribuye las tallas del Santísimo Cristo de la Clemencia, el crucificado de mayor envergadura de la ciudad, y la del Santísimo Cristo de las Misericordias, también popularmente conocido como “Cristo del Bambú”, aunque formalmente se sostiene la teoría de que su autor es desconocido. También se comenta que esta última imagen pudo ser realizada por Juan Bautista Vázquez “El Viejo”. Lo que no hay ninguna duda es que la misma está realizada en madera de nogal entre 1570 y 1577, es decir, a caballo entre el final del Renacimiento y el inicio del Barroco Andaluz.

También de ésta época datan las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de autoría anónima pero al que se relaciona con Sebastián de Solís, de talla completa, de 1,45 metros de altura y tallada en madera de cedro, y el misterio del Calvario y la dolorosa de la cofradía, ésta última de las más antigua de la ciudad. Se trata de una imagen de vestir que muestra en su cara pálida el dolor de una madre que suspira al ver a su hijo muerto.

Por avatares de nuestra historia, durante la Guerra Civil se destruyeron imágenes tan valiosas como el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, o Señor del Trueno, obra de Salvador de Cuéllar, y el Cristo Yacente de la cofradía de la Soledad, atribuido a diversos escultores manieristas.

Un siglo más tarde, quizás pudo ser José de Mora quien realiza la dolorosa de la Hermandad de la Amargura, conocida popularmente como la “Virgen de los Toreros”, Nuestra Señora de las Angustias, o Nuestro Padre Jesús de la Piedad, tallado en pino y cedro. La versión oficial sostiene que son tallas anónimas. También durante el conflicto bélico, desapareció la primitiva dolorosa de la parroquia de la Magdalena, del que se comenta que compartió autor con las anteriores.

Del siglo XVIII aún podemos disfrutar de algunas obras maestras que realizó la familia de Medina o de los angelitos de la Virgen de las Angustias realizadas por Ramón Amadeu y que, según cuenta la leyenda, en ellos se reflejan la última imagen que guardó el escultor en su memoria de sus hijos antes de que se los robaran. Por supuesto, el anonimato también reinaría en esta centuria, puesto que aún no se sabe de quién pueden ser las imágenes sanjuanistas de las Cofradías de la Clemencia y el Abuelo. Éste último es una talla de vestir. Su dedo índice señala el camino que sigue Jesús Nazareno por el monte calvario.


El Santísimo Cristo de la Expiración es una imagen de unción sobrecogedora que llama a la devoción. De aires claramente tardobarrocos, destaca el juego claroscurista del pelo, en rizos semejantes, y paños de pureza que recoge la textura de un lienzo humedecido por el sudor y la sangre, en pliegues desordenados, pero acompañando a la elegancia de la imagen. De una anatomía creíble y algo relajada, deja entrever ciertos aires neoclásicos en su idealización y contenido realista. Se aparta del exarcebado dramatismo del momento, claro referente platónico en la concepción artística de la obra.

A José de Medina se le atribuye tanto esta imagen como la de María Santísima de los Dolores de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, mientras que su hijo Mateo pudo ser el creador de la imagen de esa María Magdalena que procesiona a los pies del Santísimo Cristo de la Clemencia.

Durante estos años, se creó una imagen bajo la advocación de Cristo de la Buena Muerte, conocido también como el “Señor de los Grillos”, y que era atribuido o bien a los discípulos de José de Mora, o bien a los discípulos de José de Medina. Éste pudo ser destruido durante la Guerra Civil.

A finales del siglo XIX se notó en la ciudad un nuevo aire imaginero provocado por las imágenes neobarrocas y modernistas que llegaron a nuestra ciudad desde los talleres valencianos. Luis Carlos Montesinos creó las tallas de la Verónica y el Cirineo en 1883 y 1892 respectivamente, aunque oficialmente Santa Marcela es atribuida a Modesto-Damián Pastor y Juliá. También por parte del valenciano Alfredo Ureña Tortosa disfrutamos de la imagen de Nuestra Señora de la Piedad. Quien sabe si nuevamente la volvamos a ver procesionar por las callejuelas de nuestra ciudad.

Si bien fue reformado por Juan Abascal Fuentes en 1970, la talla de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos fue realizado en 1918 para el grupo escultórico de la Santa Agonía que procesiona en Valencia, siendo su autoría anónima. La cabeza se presenta elevada mostrando un semblante angustiado. Las cejas las tiene fruncidas y los ojos y las pestañas los tiene pintados en la madera. La nariz es de tipo hebraico y los labios abiertos muestran claramente los dientes superiores tallados. El cabello, oscuro y ondulado, le cae hacia la espalda.

Años más tarde, en 1927, Jacinto Higueras se encargó de realizar la portentosa talla del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, realizada en madera de aliso y crucificado sobre una cruz de sección plana y en madera de nogal. En esos años veinte, don Francisco de Pablo y don Juan Martínez Puerta diseñaron las imágenes sanjuanistas de la Congregación de la Veracruz y de la Cofradía de la Expiración respectivamente. La Guerra Civil provocó que ambas imágenes se quemaran. También durante el conflicto bélico fue diseñada una imagen de candelero que más tarde sería conocida como Nuestra Señora de las Lágrimas. Fue bautizada con el sobrenombre de “Virgen de los Clavitos” mientras estuvo en la Iglesia de Belén y San Roque en clara alusión a los clavos que porta en una de sus manos.

Tanto en los años cuarenta como en los sucesivos, hubo de recuperar muchas imágenes que se encontraban dañadas y se tuvo que realizar otras muchas nuevas que sustituyeran a las desaparecidas años atrás.

Domingo Sánchez Mesa diseñó las imágenes del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y la dolorosa de la congregación. Respecto al crucificado, inspirado en el Santísimo Cristo de las Misericordias de la ciudad nazarí, a Jesús se nos presenta muerto en la cruz vencido por el peso de su cuerpo que pende de los clavos de las manos. María Santísima de los Dolores, en cambio, también de la escuela granadina, posee cinco lágrimas que brotan de sus mejillas y que resbalan por un bello rostro, sereno y contenido, compungido de angustia. También pertenece al mismo autor la talla de María Santísima de la Estrella.

Emilio Navas Parejo talla para la Cofradía de la Clemencia la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Caída tras varios intentos fallidos realizados por Josefina Cuesta y por Rafael Rubio Vernia. La imagen es tallada siguiendo lo que se conoce como los rasgos granadinos, al completo con suavidad en los trazos, con rostro pálido, con signos de dolor y con una dulzura única a la hora de abrazar la cruz.

Ramón Mateu fue el encargado de realizar la imagen de Jesús Preso, una talla que en principio iba a representar el pasaje evangélico de “Jesús caminando sobre las aguas”, teniendo como primer título el de Cristo del Mar.

A instancia de Rafael Rubio Vernia podemos disfrutar de la talla del Señor Resucitado, mientras que Constantino Unguetti realiza el bellísimo Cristo Yacente de la Hermandad de la Soledad. En él se muestra a Jesús muerto, bajado de la cruz, sobre la piedra de las unciones del sepulcro antes de ser depositado en el mismo durante tres días. Realizada en pino de Flandes, mide 1,83 metros al igual que la imagen de la Sábana Santa. Representa el momento de soledad que sufre Cristo en el que no tuvo una mano piadosa que terminara de cerrar sus ojos para que dulcificara su expresión de dolor. Presenta ojos entornados, pupilas sin vida, boca entreabierta, manos sobre el pecho y cayendo sobre la mortaja, y piernas curvadas por lo forzado de la crucifixión.

Alfredo Muñoz Arcos fue el encargado de diseñar las imágenes marianas de la Victoria, de vestir, del Mayor Dolor, talla de María que evoca mayor edad y con el rostro ligeramente inclinado hacia San Juan, y Nuestra Señora de la Soledad, realizada en pino y con una altura de 1,62 metros. Su concepción original señalaba la mirada hacia abajo y a la derecha con ojos de cristal y pestañas postizas, dos lágrimas de cristal en la mejilla derecha y tres en la izquierda. La boca se encuentra entreabierta y sus manos extendidas, llevando en la derecha un pañuelo y en la izquierda la corona de espinas. En el pecho tiene clavado un puñal.

Jesús del Perdón es obra de Francisco Palmas Burgos en 1955. Se trata de una imagen iconográficamente original y casi única. Está realizada en madera de pino, de 1,68 metros de altura, y procesiona junto a una columna de fuste bajo. No contiene grandes dosis de dramatismo y dolor. Al contrario, presenta un estado tranquilo y de perdón del alma de Cristo con un semblante sereno y una mirada intimista y de reflexión.

Víctor de los Ríos hizo el misterio de Cristo Descendido de la Cruz y Juan Abascal Fuentes sustituyó al desaparecido Cristo Yacente del Santo Sepulcro, que procesiona en el interior de una urna barroca del siglo XVIII, y el grupo escultórico del Cristo del Amor que ya no procesiona.

María Santísima de la Esperanza, obra del escultor Antonio Eslava, está realizada en madera de pino y policromada en tonos marfileños sosegados por los colores sonrosados de los frescores para las mejillas. De los párpados surgen cinco lágrimas de cristal. El corte de la cara se hace redondeado y aniñado y la boca aparece con un gesto encogido por la tensión del llanto. La nariz muestra una apertura generosa de los orificios como consecuencia de la agitación del llanto.

Los años finales del siglo XX y primeros del XXI vienen marcados por la llegada de alguna que otra nueva hermandad pero también por la sustitución de algunas imágenes que, quizás, ya no eran válidas para el procesionar dentro de nuestra semana de pasión.

Miguel Zúñiga Navarro se encargó de realizar la imagen de Jesús Despojado, cuyas obras secundarias han sido diseñadas por José Antonio Cabello y por Antonio Parras. José Antonio Navarro Arteaga nos regala un bello misterio junto con el Santísimo Cristo del Amor y las imágenes secundarias del paso de Nuestro Padre Jesús de la Piedad, es decir, las figuras de Poncio Pilato, su esposa Claudia Prócula, un sayón y un centurión, todos ellos agrupados ante el sitial del Pretorio. En el caso del Santísimo Cristo del Amor, en cambio, se ve a Jesús con el rostro pálido y con restos de sudor y de sangre. Cristo destaca sobre ese apóstol que se enrosca hasta llegar a la mejilla del Maestro, con una posición bastante movida y que sin la figura de Jesús no podría tenerse en equilibrio. Judas muestra en su rostro la expresión malvada y sin entrar en deformaciones.

Luis Álvarez Duarte nos hizo para Jaén a María Santísima de las Siete Palabras, una talla que se acerca a una línea más clásica, enmarcándose en el romanticismo decimonónico deudor del siglo XVIII, y que recoge aspectos más sobresalientes en lo que a imagen de candelero y de Virgen se refiere. Su policromía desconcierta incluso a los más eruditos, que llegan a adscribirla a la época dorada de la imaginería procesional, con una riqueza de matices que nos habla del gran dominio de la técnica de la encarnadura por parte de su autor.

También Dubé de Luque está representado en nuestra semana de pasión a través de las imágenes titulares de la Hermandad de la “Borriquilla”. Nuestro Padre Jesús de la Salud está tallado en madera de cedro y candelero de pino de Flandes y policromado al óleo con veladuras de cera. Las figuras secundarias del misterio son obra de Antonio Jesús Dubé Herdugo, hijo del escultor. La dolorosa, en cambio, es una imagen de candelero y cuya altura es de 1,62 metros. María ofrece una expresión dulce, exenta de dramatismo y con tan solo un rictus de tristeza en la mirada. Posee la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, los ojos tallados y pintados en color verde esmeralda, mientras la boca aparece levemente abierta, dejando ver la lengua y los dientes superiores que aparecen tallados. El pelo aparece igualmente tallado y recogido. Una lágrima recorre la mejilla derecha, mientras que en sus manos extendidas porta un pañuelo a la derecha y una rama de olivo a la izquierda.

La Hermandad de la Santa cena confió en el escultor Antonio Bernal Redondo para que diseñara sus imágenes titulares. La dolorosa es una talla de candelero que representa a María con un gesto dulce, todavía sin expresión de dolor y llanto a través de lágrimas, y con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. También el maestro realizó la imagen de María Santísima de la Salud de la Hermandad de Caridad y Salud.


La Cofradía del Cautivo, en cambio, eligió a Francisco Romero Zafra para que realizara las tallas de Nuestro Divino Redentor Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad. La imagen mariana es de candelero de 1,68 metros de altura, teniendo policromados el rostro y las manos. Su cabeza está levemente girada hacia la derecha con una expresiva y vidriosa mirada dirigida hacia el cielo. Presenta una nariz recta, una boca entreabierta y una tez morena. Tres lágrimas surcan por sus mejillas, dos en la derecha y una en la izquierda.

María Santísima de los Desamparados es una imagen de candelero creada por Ventura Gómez Rodríguez. Se trata de una talla juvenil, con la cabeza erguida, el rostro ovalado y la mirada proyectada al frente. Su bello rostro posee un rictus de color mesurado, con los ojos vencidos por el llanto, las pestañas de pelo natural en los erguidos párpados superiores y los carnosos labios entreabiertos, mostrando en su interior ambas coronas dentarias esculpidas en la madera. También tiene labrada una cabellera partida al centro. Las manos se hallan extendidas y cuenta con postizos en las lágrimas de cristal que surcan el semblante, dos en la mejilla izquierda y una en la derecha. La nariz se encuentra afilada, con el hoyito bajo muy resaltado, y el cuello presenta una fuerte crispación como consecuencia de la aflicción que la embarga. Las carnaciones son trigueñas, con las finas cejas pinceladas pormenorizando los filamentos, mientras que en la zona de las cuencas orbitales se pueden observar rojeces a causa del llanto.

María Santísima Madre de Dios, obra de Israel Cornejo Sánchez, es una imagen a tamaño natural de aproximadamente 1,65 metros de altura con manos entrelazadas para tener una actitud orante y suplicante ante el Señor de la Humildad. Presenta la cabeza inclinada hacia la izquierda y la mirada baja con rasgos semíticos, mostrando un marcado rictus de dolor y belleza propia de la Madre de Dios. La cara es ovalada, con la cara entreabierta que suspira de exhalación, su barbilla es tersa, los ojos se encuentran hinchados por el llanto y las cejas poseen forma de “S” transmitiendo así honda pena. Está peinada con raya central y con un rodete en la nuca que, a su vez, recoge su pelo, dejando ver los dos pabellones auditivos. El torso es tallado con forma anatómica femenina y candelero de forma ovalada para ser vestida al gusto. Se encuentra tallada en madera de cedro, aparejada y estucada para policromía al oleo a usanza del siglo de oro, pestañas de pelo natural y lágrimas de cristal. Posee un segundo juego de manos abiertas en actitud dialogante.

Con la aparición de nuevas hermandades, en la actualidad hay muchos pasos que se encuentran en proceso de ejecución. Ana Rey ha sido la encargada de crear a María Santísima de la Encarnación, mientras que Darío Fernández hizo lo propio con Nuestro Padre Jesús de la Sentencia.

María Santísima Reina de los Ángeles es una talla de candelero para vestir, con una altura de 1,67 metros, siendo realizadas la cabeza y las manos en madera de cedro aparejada y estucada para policromía al óleo, a la usanza del Siglo de Oro. Su pelo ha sido tallado de forma tan sutil que parece que cae por sus orejas, formando así un hermoso recogido atrás, con pestañas superiores de pelo natural y lágrimas de cristal. Para las articulaciones, el torso y el candelero se ha utilizado madera de pino tapizada con sus herrajes correspondientes. El rostro muestra la belleza y dulzura de una muchacha joven, con cara ovalada, hermosos ojos miel, tres lágrimas recorriendo sus pómulos roseados y los labios entreabiertos, teniendo los dientes inferiores tallados. La mirada, levemente inclinada hacia la derecha, muestra a una madre sumida en el dolor, sin señales de agotamiento físico y moral. Sus manos se encuentran abiertas, con dedos torneados y palmas extendidas, portando un rosario en ambas y un manípulo en la derecha. Tanto esta imagen como la del Santísimo Cristo de las Aguas son obra de José Miguel Tirao Carpio.

Antonio José Martínez Rodríguez ha sido el encargado de realizar el grupo escultórico de la Hermandad del Lavatorio. Éste, más próximo a la escuela madrileña, es una idealización más académica, reinada y discreta por tener una mayor proximidad a los modelos palaciegos que a los populares. Precisamente dicho escultor nos ha regalado, para también dicha cofradía, la talla de María Santísima del Amor. Esta imagen de candelero esculpida en madera de cedro, de tamaño natural, nos traslada una expresión amable, dulce y dialogante, que parece interpelar al que la contempla. Pronto la veremos procesionar por las calles de la capital del Santo Reino.


Miguel Cordero Romero hizo a Jesús de la Caridad como un Cristo de rasgos más maduros y de mirada tierna que representa la compasión. Con la boca entreabierta, posee unas lágrimas que caen por su mejilla izquierda y unos ligeros restos de sangre que son derramados por su rostro. En definitiva, estamos hablando de un Cristo con fuerza que posee en sus ojos la dulzura y la caridad.

Por último, Jesús del Gran Poder muestra en su rostro el dolor físico y sentimental del martirio de su pasión derramando una lágrima por la mejilla izquierda, mientras que María Santísima del Dulce Nombre está realizada pensando en ese cruce de miradas que la misma busca con su hijo, de ahí la posición corporal y el propio gesto del rostro. Ambos son obra del escultor José Antonio Cabello Montilla.


Fuente: Pasión en Jaén.